Seguramente demasiado tiempo. Y es más: sea cual sea tu combinación de idiomas, sobre todo si estás dando los primeros pasos en el oficio de la traducción, probablemente hayas estado cobrando menos de lo que te correspondía, pero a partir de ahora las cosas van a cambiar, porque hay varias maneras de calcular tu tarifa y técnicas de negociación con los clientes.
La pregunta del millón siempre es la misma, por parte de los principiantes, o de traductores esporádicos: me han pedido que haga una traducción, ¿cuánto les tengo que cobrar? A mi me gustaría contestar que no hay una tarifa estándar y que depende de muchos factores, pero mi interlocutor por lo general no quiere saber cómo está de esquizofrénico el mercado de la traducción, sino que quiere oir una cifra para decirsela al cliente. Mi respuesta entonces es alguna cantidad en céntimos de euros por palabra, normalmente entre 6 y 8, o hasta 10 o 12 a veces, según las informaciones que me haya dado. Mi interlocutor se queda contento y no pregunta nada más, pero yo no dejo de sentirme algo culpable. Para enmendar estos errores del pasado, presentamos una síntesis en castellano de una guía práctica para calcular y negociar las tarifas de traducción, escrita por Simon Turner ( versión italiana).
Como en todos los oficios profesionales hay tres tipologías de clientes: los que miran sólo el precio, los que miran tanto el precio como la calidad y los que miran sólo la calidad. En otras palabras los primeros saben muy bien cuánto quieren pagar, los segundos no lo tienen muy claro y los terceros no tienen ni idea. El primer error que cometen muchos traductores es de actuar como si existieran sólo los primeros, esperando a que se les proponga un precio y el segundo error es aceptarlo sin negociar.
Claro, negociar no es nada fácil. Por un lado no tendrías por qué. En un mundo ideal los traductores serían como todos los otros profesionales (fontanero, electricista, técnico de reparación), que tienen su tarifa y lo tomas o lo dejas. Pero en el mundo real ¿te imaginas llevarle a un técnico de reparación tu ordenador y decirle que lo quieres para el día siguiente a las 10 y que le darás 37 €? Vale, lo suponía... Más bien te dirá que para ese tipo de trabajo su tarifa es de 200 €, pero que se puede intentar llegar a un acuerdo. Por otro lado son los mismos clientes (del primer tipo) que, ofreciéndote una tarifa empiezan la negociación, y con el precio más bajo posible, por supuesto. Por esta razón es un error aceptarlo sin negociar.
Entonces primero tienes que saber cuál es tu tarifa mínima, y se puede calcular fácilmente con la herramienta que Simon Turner pone a disposición de todo el mundo, que nosotros hemos localizado para los usuarios de España. Básicamente tienes que pensar en la renta bruta que quieres alcanzar cada año, la que te permita una vida decente después de la hipoteca, los impuestos, las facturas... y la divides por el número de días que vas a dedicar a la traducción en un año. Entonces sabrás tu precio por día, y sólo tendrás que dividirlo por el número de palabras, líneas, páginas, etc. que puedes traducir en un día. Ejemplo: estableces que quieres ganar 40.000 € brutos al año, y que de las 52 semanas que tiene el año, te vas a tomar tres de vacaciones en verano, una en Semana Santa y dos en Navidades. Entonces en un año trabajarás 230 días (pensando en 5 jornadas de 8 horas a la semana):
40.000 € / 230 días = 174 €/día
Si sabes que para hacer un trabajo de calidad llegas al máximo a 2.500 palabras por día, el resultado será de 7 céntimos/palabra, que vendría a ser el umbral que te separa de la vida decente y nunca deberías bajarte de ahí. A partir de ese momento si un cliente te viene diciendo que 0,04 €/palabra es una tarifa muy buena, te pondrás lo bastante alterado como para empezar a negociar, porque no es buena para nada, que no te alcanza ni para sobrevivir.
Con el tiempo te acostumbrarás, sobretodo porque la tarifa que te interesa no es la primera que te ofrece el cliente (la mas baja, siempre) sino la que está dispuesto a pagar. Si no está dispuesto a subir la tarifa hasta tu umbral, ese cliente no es para ti, deja que el esclavo sea otro traductor. Las agencias no suelen dejar mucho margen a las negociaciones, pero recuerda también que tienes una ventaja fundamental: que los traductores pueden sobrevivir sin las agencias, no viceversa.
Prestar tus servicios profesionales por un precio demasiado bajo es contraproduciente por tres razones: no deja espacio para la negociación, le deja toda la ventaja al cliente y se refleja negativamente en la percepción de la calidad que ofreces. Siguiendo con la comparación con otros oficios: si voy a una pescadería que me vende la merluza a 20 € y redondea unos 2 € a mi favor porque le caigo bien al pescadero o soy bueno negociando, me voy a mi casa contento. Si la misma merluza costara 15 €, seguro que el pescadero no me haría ningún descuento y cuando la compre pensaré que igual no está tan fresca.
El truco está en descubrir a qué tarifa máxima está dispuesto a llegar el cliente y si se acerca a tu mínimo, empezar con la negociación, pidiendo algo más que su tarifa máxima para luego ofrecer un descuento. Imaginemos una situación real: recibes una oferta de trabajo donde te piden tu CV y tus tarifas. Si no haces nada para informarte sobre cuánto está dispuesto a pagarte ese cliente potencial, intentarás captarlo con una tarifa baja, digamos 6 céntimos. Resultado: no le harás muy buena impresión y te dirá que puede llegar hasta 5, porque piensa que no eres muy bueno, y demasiado caro por la calidad que supone que ofreces. En cambio, si le pones un poco de iniciativa, sabrás que para un trabajo de la máxima calidad el cliente está dispuesto a pagar una buena cifra, digamos alrededor de 8 céntimos. Entonces tienes que darle la impresión (si no tiene ya referencias tuyas al respecto, procedentes de otras fuentes) de que eres muy bueno, estás muy ocupado, pero sobretodo cuestas mucho, más de lo que está dispuesto a pagarte, digamos alrededor de 10 céntimos. Sin embargo, siendo el primer trabajo que te ofrecen, le harás un descuento y empezarás tu negociación con 9 céntimos. Entonces el cliente se planteará superar su tarifa máxima y si juegas bien tus cartas, hay buenas probabilidades de llegue hasta 8,5, y estará contento porque pensará que le estás dando un servicio que vale 10.
Por supuesto entran en el discurso al menos dos factores fundamentales y relacionados entre sí: el tipo de texto y la calidad que requiere el cliente. Por esto recomendamos no aceptar trabajos (a ninguna tarifa) sin ver antes de qué se trata exactamente. Un ejemplo real: un amigo mío aceptó casi a ciegas un trabajo bastante bien pagado, que resultó ser un listado varios miles de palabras. Tardó dos días en hacer lo que normalmente haría en uno y vio que no podría respetar el plazo de entrega sin trabajar días y noches. Por suerte la agencia fue razonable y admitió su error, pero mi amigo ahora ha aprendido la lección y ya no va a asumir nunca más un riesgo parecido.
No nos detendremos sobre el tema de la calidad porque es demasiado amplio y damos por sentado que puedes garantizar un nivel de calidad excelente en tu campo de especialización. Lógicamente esta es una simplificación y no pretende ajustarse a todas las situaciones, pero creemos que es una buen planteamiento por donde empezar.
 |